27 de agosto de 2009
Desde su descubrimiento 45 años atrás, Cygnus X-1 ha sido una de las fuentes de rayos X más intensamente estudiadas. Una década después de su descubrimiento, Cygnus X-1 se aseguró un lugar en la historia de la astronomía cuando una combinación de observaciones ópticas y en rayos X guió a la conclusión que era un agujero negro, el primero en ser identificado.
El sistema Cygnus X-1 consiste en un agujero negro con una masa de alrededor de 10 veces la del Sol en órbita cercana a una estrella supergigante azul con una masa de alrededor de 20 veces la del Sol. El gas fluyente de la supergigante en un rápido viento estelar es concentrado por el agujero negro, y algo de este gas forma un disco que gira en espiral cayendo hacia el agujero negro. La energía gravitacional emitida por el gas en caída produce la emisión de rayos X proveniente de Cygnus X-1.
Aunque se han publicado más de cien artículos científicos sobre Cygnus X-1, su status como brillante y cercano agujero negro continúa atrayendo el interés de los científicos, quienes buscan entender la naturaleza de los agujeros negros y cómo afectan su entorno. Las observaciones realizadas por Chandra, de la NASA, y XMM-Newton, de la ESA, son especialmente valiosas para estudiar las propiedades del viento estelar que alimenta a Cygnus X1, y determinar su velocidad de rotación.
Esta última investigación ha revelado que Cygnus X-1 está girando muy lentamente. Este misterioso resultado podría indicar que Cygnus X-1 debió haberse formado en un inusual tipo de supernova que, de alguna manera, evitó que el recién formado agujero negro adquiriera más velocidad de rotación que otros agujeros negros.
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