2 de septiembre de 2009
La organización Observatorio Europeo Austral, ESO, ha hecho pública una imagen de una galaxia cercana que muchos astrónomos piensan que recuerda a nuestra galaxia, la Vía Láctea. Como a la galaxia se la ve de canto, las observaciones de NGC 4945 sugieren que este enjambre de estrellas es una galaxia espiral muy parecida a la nuestra, con brazos luminosos y serpenteantes y una región central con forma de barra. Además de esas semejanzas, NGC 4945 tiene un centro brillante que parece albergar un agujero negro supermasivo, el cual está devorando montones de materia y emitiendo energía al espacio.
Como NGC 4645 se encuentra a sólo 13 millones de años luz de distancia, en la constelación de Centaurus, un modesto telescopio es suficiente para que los astrónomos aficionados puedan observar esta notable galaxia. La designación de NGC 4945 surge de estar catalogada con ese número en el famoso Nuevo Catálogo General (New General Catalogue) compilado por el astrónomo danés-irlandés John Louis Emil Dreyer en la década de 1880. El descubrimiento original del objeto es acreditado al astrónomo escocés James Dunlop, en 1826, desde Australia.
La nueva imagen de NGC 4945 es cortesía de la cámara Wide Field Imager (WFI), instrumento adosado al telescopio MPG/ESO de 2,2 metros localizado en el Observatorio de La Silla, en Chile. NGC 4945 aparece con forma de cigarro, desde nuestra perspectiva, en la Tierra, pero la galaxia es, en realidad, un disco muchas veces más ancho que su espesor, con bandas de estrellas y gas brillante, en espiral, alrededor de su centro. Con el uso de filtros ópticos especiales para aislar el color de la luz emitida por los gases calientes, como el hidrógeno, la imagen muestra fuertes contrastes en NGC 4945 que indican las zonas de formación estelar.
Otras observaciones han revelado que NGC 4945 tiene un núcleo galáctico activo, lo que significa que su bulbo central emite mucha más energía que otras galaxias más calmas como la Vía Láctea. Los científicos clasifican a NGC 4945 como una galaxia Seyfert, en homenage al astrónomo norteamericano Carl K. Seyfert, quien escribió un estudio en 1943 describiendo las raras marcas de luz que emanan de algunos núcleos galácticos. Desde entonces, los astrónomos sospechan que son los agujeros negros supermasivos quienes causan la agitación en el centro de las galaxias Seyfert. Los agujeros negros atraen hacia ellos, gravitacionalmente, el gas y el polvo, acelerando y calentando esta materia atraída hasta que emite radiación de alta energía, incluyendo rayos X y luz ultravioleta. La mayoría de las grandes galaxias espirales, como la Vía Láctea, hospedan un agujero negro en sus centros, aunque muchos de estos monstruos oscuros ya no se “alimentan” activamente en esta etapa del desarrollo galáctico.
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