10 de noviembre de 2009
El telescopio SUNRISE entrega imágenes espectaculares de la superficie del Sol.
El Sol es una masa burbujeante. Inmensos bloques de gas se elevan y se hunden, otorgando al Sol la estructura granulada de su superficie, su granulación. Manchas oscuras aparecen y desaparecen, nubes de materia se elevan como dardos y detrás de todo eso están los campos magnéticos, que son los motores de todo esto. El telescopio SUNRISE, transportado en un globo, un proyecto de colaboración entre el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Katlenburg-Lindau, y sus socios de Alemania, España y los Estados Unidos, han publicado imágenes que muestran la compleja interacción de la superficie solar con un nivel de detalle nunca antes alcanzado.
El mayor telescopio solar que hasta ahora haya salido de la Tierra fue lanzado desde el Centro Espacial de ESRANGE, en Kiruna, norte de Suecia, el 8 de junio de 2009. El total del equipo pesaba más de seis toneladas en el momento del lanzamiento. Transportado por un gigantesco globo de helio con una capacidad de un millón de metros cúbicos y un diámetro de alrededor de 130 metros, SUNRISE alcanzó una altitud de crucero de 37 kilómetros sobre la superficie de la Tierra.
Las condiciones de observación en esta capa de la atmósfera, conocida como la estratósfera, son similares a las del espacio exterior: por un lado, las imágenes ya no son afectadas por la turbulencia del aire, y por otro, la cámara también puede hacer zoom sobre el Sol en la luz ultravioleta, que de otro modo sería absorbida por la capa de ozono. Después de separarse del globo, SUNRISE descendió en forma segura a la Tierra utilizando un paracaídas, el 14 de junio de 2009, aterrizando en la Isla Somerset, una gran isla en Nunavut, Canadá, territorio situado en el Pasaje Noroeste, la vía marítima que atraviesa el Océano Ártico, entre el Atlántico y el Pacífico.
El trabajo de analizar el total de 1,8 terabytes de datos de observación registrados por el telescopio durante su vuelo de cinco días recién comienza. Sin embargo, los primeros resultados ya dan un indicio prometedor que la misión hará que nuestra comprensión del Sol y su actividad dé un gran salto hacia adelante. Lo que es particularmente interesante es la conexión entre la intensidad del campo magnético y el brillo de las pequeñas estructuras magnéticas. Dado que el campo magnético varía en un ciclo de once años de actividad, el aumento de la presencia de estos elementos fundamentales trae aparejado un aumento en el brillo solar global, resultando en un mayor aporte de calor a la Tierra.
Las variaciones en la radiación solar son particularmente pronunciadas en la luz ultravioleta. Ésta no puede llegar a la superficie de la Tierra, la capa de ozono la absorbe y se calienta por ella. Durante su vuelo a través de la estratósfera, SUNRISE llevó a cabo el primer estudio de las estructuras brillantes magnéticas en la superficie solar en este importante rango espectral, en longitudes de onda ubicadas entre 200 y 400 nanómetros (millonésimas de milímetro).
“Gracias a su excelente calidad óptica, el instrumento SUFI fue capaz de describir las estructuras magnéticas muy pequeñas con un contraste de alta intensidad, mientras el instrumento IMAX registró simultáneamente el campo magnético y la velocidad de flujo del gas caliente en estas estructuras y en su entorno”, dice el Dr. Achim Gandorfer, científico del proyecto SUNRISE en el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar.
Anteriormente, los procesos físicos observados sólo podían ser simulados con complejos modelos informáticos. “Gracias a SUNRISE, estos modelos pueden ahora ser colocados sobre una base experimental sólida”, explica el profesor Manfred Schüssler, científico solar en el MPS y co-financiador de la misión.
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Etiquetas: Sol
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