6 de enero de 2010
La mayoría de las búsquedas de planetas alrededor de otras estrellas, también conocidos como exoplanetas, se centran en estrellas similares al Sol. Esas búsquedas se han mostrado exitosas, dando como resultado más de 400 mundos alienígenos. No obstante, las estrellas similares al Sol no son los únicos hogares potenciales para los planetas. Una nueva investigación de astrónomos del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsoniano (CfA) y del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica (NOAO) confirma que la formación de planetas es un subproducto natural de la formación estelar, incluso alrededor de estrellas muchos más masivas que el Sol.
“Vemos evidencias de formación planetaria en cámara rápida”, dijo Xavier Koenig del CfA, que presentó la investigación en una conferencia de prensa en la reunión 215 de la Sociedad Astronómica Americana (AAS), en Washington, DC.
Koenig y sus colegas examinaron la región de formación estelar conocida como W5, la cual está a aproximadamente 6500 años luz de distancia, en la constelación de Cassiopeia. Usaron el telescopio espacial Spitzer, de la NASA, y el estudio de todo el cielo basado en la Tierra en dos micrones 2MASS, para buscar evidencia en el infrarrojo de discos polvorientos de formación planetaria. Su objetivo fue observar más de 500 estrellas de tipo A y B, las cuales tienen entre 2 y 15 veces la masa del Sol. Sirio y Vega, no incluidas en el estudio, son dos estrellas de tipo A fácilmente visibles para cualquier observador aficionado.
El equipo encontró que aproximadamente una décima parte de las estrellas examinadas parece tener discos de polvo. De esas, 15 mostraron signos de limpieza central, lo que sugiere que planetas del tamaño de Júpiter, recién nacidos, están absorbiendo material.
“La gravedad de un objeto del tamaño de Júpiter podría limpiar fácilmente el disco interior hasta un radio de 10 a 20 UA, que es lo que vemos”, dijo Lori Allen de NOAO.
La formación de planetas alrededor de estrellas de tipo A y B es una batalla entre fuerzas opuestas. Por una parte, los discos de las estrellas tienden a ser más masivos y contienen más materia prima para construir planetas. Por otra parte, la feroz radiación estelar y los vientos intentan destruir rápidamente los discos.
Las estrellas de W5 tienen apenas entre dos y cinco millones de años de edad, aunque la mayor parte ya ha perdido la materia prima necesaria para formar planetas. Esto indica que, al menos para las estrellas de tipo A y B, o los planetas se forman rápidamente o nunca podrán formarse.
Las posibilidades de hipotética vida alienígena son desalentadoras. La zona habitable, o región donde puede existir el agua líquida en una superficie rocosa, está a una mayor distancia de la estrella en las estrellas de tipo A y B que para las estrellas similares al Sol, debido a su mayor luminosidad. No obstante, esta luminosidad paga el precio con un corto tiempo de vida. Las estrellas A y B viven apenas entre 10 y 500 millones de años, antes de agotar su combustible.
La vida existe en la Tierra desde hace 3500 millones de años en sus formas más simples, antes que la explosión del Cámbrico llevara a la diversidad en las formas de vida que vemos hoy. Los planetas de W5 alrededor de estas estrellas más masivas no tendrían esa oportunidad.
“Estas estrellas no son buenos objetivos para la búsqueda de seres extraterrestres”, dijo Koenig, “pero nos dan una excelente nueva forma de lograr una mejor comprensión de la formación de planetas”.
Más información en:
http://www.cfa.harvard.edu/news/2010/pr201001_images.html
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