15 de febrero de 2012
Eta Carinae, una de las estrellas más masivas de nuestra galaxia, la Vía Láctea, incrementó inesperadamente su brillo en el siglo 19. Durante diez años, a mediados de los años 1800, fue la segunda estrella más brillante en el cielo (ahora no está ni siquiera entre las 100 más brillantes). El aumento de la luminosidad fue tan grande que se ganó el raro título de Gran Erupción. Una nueva investigación de un equipo que incluye a José Prieto, del Instituto Carnegie, ahora en la Universidad de Princeton, ha utilizado la técnica del “eco de luz” para demostrar que esta erupción fue muy diferente de lo que se pensaba. Su trabajo se publica en la edición del 16 de febrero de la revista Nature.
Eta Carinae es una variable luminosa azul (LBV), lo que significa que tiene períodos de poco brillo, seguidos por períodos de alto brillo. Las variaciones en el brillo de una LBV son causados por un incremento en la inestabilidad y la pérdida de masa. La Gran Erupción fue un evento extremo y único en el que la estrella, que tiene más de 100 veces la masa del Sol, ha perdido varias veces la masa del Sol. Los científicos han creído que este tipo raro de erupción fue causada por el viento estelar.
El equipo de científicos, dirigido por Armin Rest, del Space Telescope Science Institute (STScI), utilizó imágenes de Eta Carinae obtenidas durante más de 8 años para estudiar los ecos de luz de la Gran Erupción. Por primera vez, se observó la luz de la erupción que rebotó, o se hizo eco, en el polvo interestelar a decenas de años luz de la estrella. Esas decenas de años luz extra significan que la luz está llegando a la Tierra ahora y no en los 1800, cuando la gente en la Tierra observó la luz que viajó hasta aquí directamente.
A continuación, utilizaron los telescopios Magallanes y du Pont en el Observatorio Las Campanas, en Chile, para obtener los espectros de los ecos de luz. Los espectros permiten que se separe, precisamente, a la luz en sus componentes, al igual que una gota de lluvia, de forma natural, actúa como un prisma y separa la luz solar en los colores del arco iris. Estas observaciones proporcionan información importante acerca de la composición química, temperatura y velocidad del material expulsado durante la Gran Erupción del siglo 19.
Lo más sorprendente es que sus observaciones muestran que la Gran Erupción es diferente de las llamadas “impostoras de supernova”, los acontecimientos en las galaxias cercanas que se cree que son las erupciones de LBVs. Por ejemplo, la Gran Erupción fue significativamente más fría de lo permitido por los modelos simples de vientos estelares utilizados para explicar los impostores de supernovas.
“La Gran Erupción de esta estrella ha sido considerada como un prototipo para todos los impostores de supernovas en otras galaxias”, dijo Prieto. “Sin embargo, esta investigación indica que, en realidad, se trata de un caso bastante único”.
De este modo, los científicos aún no saben qué fenómeno causó que eta Carinae estallase y perdiese tal cantidad de masa sin ser destruida. Se necesita más investigación para determinar si otros modelos propuestos podrían haber provocado esta actividad.
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